
Fotografiar en una ciudad diferente siempre es un reto. Aunque llevo años haciendo retratos en Cartagena, viajar a Bogotá para fotografiar a Deditos de Poyo me permitió salir de mi zona de confort, descubrir otras posibilidades visuales y enfrentarme a condiciones distintas a las que estoy acostumbrado. Cartagena tiene su luz, sus colores y su clima caribeño. Bogotá, en cambio, me recibió con una arquitectura diversa, cielos nublados y una cantidad de elementos visuales que me hicieron mirar cada esquina con otros ojos. De esta experiencia me llevo tres aprendizajes que quiero compartir.

Rubén Silva llega al estudio con una novela que habla de un territorio que conoce desde la infancia. Viene a hacerse una sesión de retratos, Pero hay algo más difícil de fotografiar que un rostro: la historia que una persona carga consigo. Estamos conversando sobre Oeste casi sur, su novela más reciente, y sobre lo que significa escribir desde los Montes de María, un territorio que durante años ha sido contado muchas veces a través de la guerra, el desplazamiento y la violencia. Rubén quiere hablar de otra cosa. No porque desconozca esa historia. Al contrario. Precisamente porque la conoce, porque nació en Marialabaja y porque durante su infancia salió del territorio para vivir en otras ciudades, sintió la necesidad de regresar a aquello que había ocurrido mientras él estaba lejos. “Sentí la necesidad de conocer lo que pasó en el territorio los años que no estuve allí”, me cuenta. Ese regreso terminó convirtiéndose en literatura.
El blog de Rafa
Blog Rafael Bossio

Fotografiar en una ciudad diferente siempre es un reto. Aunque llevo años haciendo retratos en Cartagena, viajar a Bogotá para fotografiar a Deditos de Poyo me permitió salir de mi zona de confort, descubrir otras posibilidades visuales y enfrentarme a condiciones distintas a las que estoy acostumbrado. Cartagena tiene su luz, sus colores y su clima caribeño. Bogotá, en cambio, me recibió con una arquitectura diversa, cielos nublados y una cantidad de elementos visuales que me hicieron mirar cada esquina con otros ojos. De esta experiencia me llevo tres aprendizajes que quiero compartir.

Rubén Silva llega al estudio con una novela que habla de un territorio que conoce desde la infancia. Viene a hacerse una sesión de retratos, Pero hay algo más difícil de fotografiar que un rostro: la historia que una persona carga consigo. Estamos conversando sobre Oeste casi sur, su novela más reciente, y sobre lo que significa escribir desde los Montes de María, un territorio que durante años ha sido contado muchas veces a través de la guerra, el desplazamiento y la violencia. Rubén quiere hablar de otra cosa. No porque desconozca esa historia. Al contrario. Precisamente porque la conoce, porque nació en Marialabaja y porque durante su infancia salió del territorio para vivir en otras ciudades, sintió la necesidad de regresar a aquello que había ocurrido mientras él estaba lejos. “Sentí la necesidad de conocer lo que pasó en el territorio los años que no estuve allí”, me cuenta. Ese regreso terminó convirtiéndose en literatura.

Durante septiembre tuve la oportunidad de trabajar junto a Obycon , empresa del sector inmobiliario, en una sesión fotográfica que reunió dos formas distintas de mirar y contar una empresa: el retrato de las personas que hacen parte de ella y la fotografía de sus espacios . El proyecto comenzó con una serie de retratos corporativos para el equipo de Obycon . La intención fue crear imágenes profesionales, pero sin perder la personalidad de cada persona. Más que fotografías rígidas de perfil, buscamos retratos que transmitieran cercanía, confianza y la identidad de quienes están detrás de la empresa. Para mí, el retrato corporativo es también una conversación. La fotografía puede ser una herramienta para construir la imagen de una organización, pero esa imagen comienza por las personas que la representan.
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